MATERIAL PARA RECUPERACIÓN
LA REPÚBLICA CONSERVADORA HASTA 1930
Ideas para iniciar
IDENTIFIQUE
LOS ASPECTOS MAS RELEVANTES DE LA HEGEMONIA CONSERVADORA LEA CON ATENCIÓN Y RESPONDA AL FINAL
El Gobierno de la Unión
Republicana
En
1910, ocupó la presidencia Carlos E. Restrepo, principal dirigente de la Unión Republicana ,
denominada como tercer partido político, pero que no era más que una vertiente
del partido conservador, que se convirtió en un mecanismo político para
resolver la crisis de la salida de Reyes y llevar a cabo las reformas
necesarias.
Durante
su Gobierno, Restrepo logró mantener la paz, consolidar las reformas
constitucionales, impulsar la educación primaria mediante la creación de
nuevas escuelas y la jubilación y pensión vitalicia de los maestros en
concordancia con la
Reforma Uribe , intensificó, en las esa la enseñanza de la
historia patria, la geografía y la tura, como mecanismo para inculcar en los
jóvenes un te sentimiento nacionalista.
También,
se mejoraron las comunicaciones ce inauguración del sistema de comunicaciones
inalámbricas y se impulsó la construcción de nuevas líneas férreas; las de Puerto Berrío - Medellín y Cali -
Buenaventura.
La hegemonía
conservadora
Con
lo presidencia de José Vicente Concha 1914-1918), los conservadores retomaron a
hegemonía del Gobierno y la mantuvieron hasta 1930. Durante este periodo, se
limitó la participación de los liberales en los cargos públicos y las elecciones estuvieron matizadas por las
denuncias de fraude.
A
pesar de que el inicio de la
Primera Guerra Mundial no trajo mayores traumatismos para la
economía nacional, se redujeron las importaciones y, por tanto, los impuestos
de aduana, principales ingresos del Estado. Foresta razón, el Gobierno de
Concha tuvo que aplicar medidas restrictivas en los gastos, entre ellas, la
disminución de salarios, el licenciamiento o despido de empleos y la reducción
de obras públicas.
Terminada
La Primera Guerra Mundial, durante el Gobierno de Marco Fidel Suárez (1918
-1921) 7 el comercio se recuperó ligeramente, lo que benefició al Estado, gracias al aumento de las rentas de aduana. Los esfuerzos del Gobierno de Suárez, con
el lema de "Mirad al norte", se dirigieron a restablecer las
relaciones diplomáticas con Estados Unidos y a conseguir la aprobación del
Tratado Urrutia - Thompson por parte del Senado estadounidense.
A
escala interna, los disturbios y as protestas sociales se incrementaron. Las
demandas de los trabajadores por b disminución de salarios y e alargamiento de
las ¡ornadas de trabajo no fueron atendidas por e Gobierno, que saboteó las
huelgas, apoyando el esquirolaje. Así, en 1919 y para celebrar los cien años de
la Batalla de
Boyaca , el presidente
desidio
comprar uniformes de honor para el ejército a compañías europeas, desechando,
con ello, el trabajo de los sastres bogotanos, quienes protestaron por tal
medida. En las manifestaciones, siete de ellos fueron asesinados por la Guardia Presidencial ,
lo que produjo la caída de popularidad del gobernante. Dos años después,
acusados de corrupción y con la oposición del Congreso, Suárez se vio obligado
a renunciar.
Durante
la presidencia de Pedro Nel Ospina (1922-1926), e Gobierno estadounidense
entregó a Colombia los 25 millones de dólares de indemnización por la separación
de Panamá, ratificando con ello el Tratado Urrutia-Thompson, que puso fin a
asunto de la pérdida de Panamá.
La
mayor parte de los recursos de la indemnización y de los préstamos obtenidos
por el país y os departamentos, que alcanzaron os 180 millones de dólares, se
destinaron a la construcción y ampliación de obras públicas y vías férreas en
Antioquia y el Pacífico. De esta forma, el kilometraje aumentó hasta 2.500 en
1929, lo cual, unido a la construcción de nuevas carreteras, le permitió al
país mejorar la red vial.
El
Estado, gracias a la modernización de sistema fiscal y al crecimiento
económico, aumentó sus ingresos y superó temporalmente la crisis de recursos
que venía enfrentando desde el siglo XIX.
Establecimiento
de la aviación comercial
En
1919, en lo ciudad de Barranquilla, varios inmigra alemanes fundaron la Sociedad Colombo
Alemana de Transporte Aéreo, SCADTA, que se convirtió en la segunda aerolínea
comercial del mundo. SCADTA favoreció el transporte e la costa Atlántica y e
interior, sin necesidad de construir pistas | de aterrizaje, pues sus
hidroaviones acuatizaban en el rió magdalena. Así, se cumplió en el país el paso
vertiginoso en materia de transporte,
de a muía al avión.
La Misión Kemmerer
El
país se comprometió a contratar una accesoria
norteamericana, la
Misión Kemmerer , que orientó al gobierno en materia fiscal,
bancaria y administrativa, siendo su proyecto más significativo la creación del
I de la República ,
el cual se fundó en 1923, con el objetivo de regular el suministro de dinero,
pues el Banco de la
República era el emisor del mismo. Como resultado de su creación, disminuyeron las tasas de interés pues se puso a circular dinero de tal forma
que existiera la posibilidad de
acapararlo. También, se restablecieron la Contraloría General
de la
República Superintendencia Bancaria y se reorganizó e
sistema de recaudación de impuestos.
Desde
1905, el crecimiento en lo producción cafetera fue continuo! mayor parte de la
producción en e país se trasladó de las haciendas cafeteras de Cundinamarca,
Santander y Tolima, a las pequeñas y medianas f piedades en el Gran Caldas.
La
producción cafetera y las condiciones favorables de los mercados extremos
permitieron a los empresarios a acumulación de capitales, que fueron invertidos posteriormente en otras
actividades, como la industria. El café posibilitó, además, a consolidación de un mercado interno
monetizado, incluía a un sector de la población campesina en aumento, y su
exportaron influyó en el desarrollo de
las vías de comunicación, especialmente» ferrocarriles.
La
naciente industria se vio fortalecida por las políticas proteccionistas los
Gobiernos conservadores, y las inversiones realizadas en vías de comunicación y
obras públicas, que propiciaron la ampliación de los mercados y la demanda
interna. Las principales industrias se concentraron en la producción de bienes de consumo: textiles, alimentos,
tabaco, fósforos, vidrio, loza, calzado, gaseosas y jabones, entre otros. En cambio,
las industrias metalúrgica química sólo registraron un desarrollo menor.
Los
movimientos sociales
Los
movimientos sociales se fueron transformando a medida que avanzaba el proceso
de modernización del país. De los movimientos de artesanos y sociedades mutualistas se pasó a las
primeras organizaciones y, posteriormente, al sindicalismo y los partidos de
izquierda. Al tiempo que se ubicaron en
sectores Estratégicos de la economía,
como el cafetero los movimientos sociales aumentaron su fuerza, organización y
capacidad del actuar frente al Estado y los empresarios.
Avance del sindicalismo
En
la década de los años veinte, las protestas adquirieron importancia como
mecanismo de reivindicación de los intereses de los trabajadores y se
presentaron alrededor de 208 conflictos, entre los que se destacaron 70
huelgas de obreros o artesanos, 49 conflictos en el sector estatal, 28
movimientos campesinos e indígenas y 1 3 protestas estudiantiles.
Los
primeros partidos obreros surgieron a partir de 1911, con el propósito de
agrupar los trabajadores por fuera de los partidos políticos tradicionales. En
1919, las diferentes organizaciones convocaron a la primera Asamblea Nacional
de Trabajadores y conformaron e Partido Socialista que, en 1923, respaldó la
candidatura liberal de Benjamín Herrera para la presidencia.
En
1924, a
Asamblea Nacional afilió al movimiento obrero a la Internacional Comunista ,
que agrupaba a las organizaciones comunistas del mundo entero, y buscó
introducir en las reivindicaciones económicas algunas propuestas revolucionarias.
El auge de las ideas anarquistas, marxistes y leninistas y la influencia de la Revolución de octubre
en Rusia, dieron paso a la fundación de organizaciones como el Partido
Socialista Revolucionario (PSR), en 1926, y el Partido Comunista de Colombia
pcc, a finales de 1929.
En
el PSR, resaltaron varias figuras como Ignacio Torres Giralda, empleado del Ferrocarril
del Pacífico; Tomás Uribe, intelectual y periodista antioqueño; Raúl Mahecha,
organizador del movimiento obrero petrolero y María Cano, conocida como a Flor
del Trabajo, quienes delinearon la formación y los primeros años del movimiento
obrero en Colombia.
Por
otra parte, la expansión de las haciendas sobre los resguardos indígenas en
Cauca, Tolima, Huila y Magdalena, motivó la protesta y organización de grupos
indígenas que buscaban la protección de sus comunidades y sus tierras. Entre
sus líderes se destacaron Manuel Quintín Lame, Gonzalo Sánchez y Eutiquio
Timóte. A finales de los años veinte, se debutó su movimiento debido a la persecución
y encarcelamiento de sus líderes.
La crisis del régimen
conservador
Desde
1926, el Gobierno de Miguel Abadía Méndez, presidente elegido para el periodo
1926 - 1930, enfrentó la disminución de recursos, lo que ocasionó una reducción
en sus gastos, la suspensión de varias obras públicas y el licenciamiento de
parte de los trabajadores. Estos factores contribuyeron al aumento de las
protestas sociales y a fortalecimiento de la oposición liberal.
La masacre de las
bananeras
El
Gobierno enfrentó las protestas por medio de la represión. Por ejemplo, en noviembre
de 1928, en la zona bananera del Magdalena, estalló una huelga obrera contraía
multinacional United Fruit Company, para exigir mejores condiciones laborales,
la compañía estadounidense fue inflexible ante las exigencias de los
trabajadores y pidió al Gobierno de Abadía que militarizara la zona, lo cual
caldeó los ánimos hasta tal punto que, en la noche del ó de diciembre, un grupo
de soldados disparó contra los huelguistas. De este hecho se conoce la cifra de
1 3 muertos, aunque el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en su
novela Cien años de soledad, habla de más de 3.000, de tal forma que el número
de cadáveres pudiera llenar los vagones de un tren.
MASACRE DE LAS BANANERAS
Diciembre 6 de 1928
Sangre en la plantación
La muerte de un número
indeterminado de manifestantes en Ciénaga por tropas oficiales, se convirtió en
un hito de las luchas obreras y un mito para la historia y las letras
colombianas.
Por
Mauricio Archila Neira *
Hace unos años escribí que tal
vez no existe un hecho en la historia del país que sea tan doloroso y al mismo
tiempo tan expuesto a los vaivenes de la ficción como lo ocurrido en Ciénaga,
Magdalena, entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928. Hoy agregaría que quizá ha
sido el evento más disputado en términos de la memoria colectiva, tanto que hoy
sigue provocando pasiones en uno y otro lado del espectro político colombiano.
No acaba de suceder la masacre
(así se designa técnicamente a todo acto de liquidación de más de cuatro
personas en estado de indefensión) cuando ya se levantaban interpretaciones
antagónicas y era claro que no habría consenso sobre lo que en efecto pasó en
aquella aciaga madrugada. Antes de considerar algunos de los argumentos
esgrimidos, establezcamos los principales hechos, hasta donde sea posible.
La empresa norteamericana
United Fruit Company (UFC), creada en Boston en 1899, había llegado a la zona
bananera del Magdalena a comienzos del siglo XX. La mayoría de los trabajadores
de sus plantaciones eran vinculados indirectamente por medio de contratistas.
Por ello nunca se pudo precisar su número exacto, pero se habla de una cifra
que oscilaba entre 10.000 y 30.000. El 12 de noviembre de 1928 uno de los
sindicatos que funcionaba en la región lanzó la huelga para presionar la
solución de un pliego de nueve puntos. No era el primer conflicto laboral en la
zona, pues desde 1918 se habían presentado ceses de trabajo, pero fueron
parciales o de sectores específicos como los ferroviarios o portuarios
dependientes de la multinacional.
El pliego de peticiones
comenzaba con tres puntos que llamaban al cumplimiento de leyes colombianas
sobre el seguro colectivo y obligatorio para los trabajadores, accidentes de
trabajo y habitaciones higiénicas. Luego se exigía aumento salarial del 50 por
ciento, cesación de los comisariatos y de préstamos por vales, pago semanal,
contratación colectiva y establecimiento de más hospitales. Aunque sólo se
exigía amoldarse a la escasa legislación laboral, la UFC se negó a negociar.
Muerte en Ciénaga
A instancias del general Carlos
Cortés Vargas, trasladado a la zona como jefe militar al otro día de iniciada
la huelga, la gerencia local de la UFC aceptó a medias los puntos de los vales
y del pago semanal. El resto lo consideró "ilegal" o imposible de
conceder. En esas condiciones el clima laboral se deterioró y los trabajadores
realizaron mítines permanentes, bloqueos de la vía ferroviaria y saboteos a las
líneas telegráficas. Como el conflicto no se resolvía decidieron concentrarse
en Ciénaga, aunque dejaron piquetes de huelguistas por toda la zona.
En la noche del 5 de diciembre
corrió el rumor de que el gobernador iría a entrevistarse con los trabajadores
para buscar solución al paro, pero nunca llegó. Por su parte el gobierno
central expidió el Decreto Legislativo No. 1 que declaraba el estado de sitio
en la zona por turbación del orden público y designaba a Cortés Vargas jefe
civil y militar de la misma. Éste, una vez recibió el esperado decreto se
posesionó a la carrera y expidió a las 11 y media de la noche el decreto No. 1
que ordenaba disolver "toda reunión mayor de tres individuos" y
amenazaba con disparar "sobre la multitud si fuera el caso". En
consecuencia, a la 1 y media de la madrugada del 6 de diciembre formó a la
tropa delante de los concentrados en Ciénaga. Luego de leer los respectivos
decretos y de conminar a la multitud a retirarse, dio un plazo de cinco minutos
que prolongó por uno más. Según Cortés Vargas "era menester cumplir la
ley, y se cumplió". La masacre que siguió después es materia de disputa,
así como lo que ocurrió en los días posteriores al hecho que prácticamente
terminó con la huelga.
En efecto, el general Carlos
Cortés Vargas, militar de carrera e historiador por afición, reconoció nueve
muertos, ¡el mismo número de los puntos del pliego de petición! Explicó su
decisión con dos argumentos, muy caros al espíritu militar: la preservación de
la autoridad en una situación casi insurreccional y la represión de la huelga
para anticipar un desembarco norteamericano. El primero fue, sin duda, el que
más invocó tanto en una entrevista publicada pocos días después de la masacre,
como en el libro que editaría a mediados de 1929. El segundo, que tuvo cierto
fundamento como veremos luego, surgiría meses después como una disculpa de su
decisión. Para el general, la huelga en la zona bananera era un acto subversivo
propiciado por agitadores comunistas y anarquistas. En esto hacía eco del mismo
pánico que sus superiores, el ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, y el
presidente Miguel Abadía Méndez, tenían ante cualquier protesta social. En esa
dirección habían expedido el año anterior la Ley Heroica.
La descripción que hace Cortés
Vargas insiste en multitudes que recorrían la zona arrasando con todo y
amenazando las vidas de funcionarios colombianos y norteamericanos. Él veía
comunistas por todos lados, tanto que terminó apresando al inspector del
trabajo y al alcalde de Ciénaga por connivencia con los huelguistas. Pero lo
que más le preocupaba era la eventual confraternización de las tropas costeñas
con los trabajadores. Para salvar el principio de autoridad decidió actuar
brutalmente para suprimir la huelga, en lo que fue respaldado por sus
superiores.
Otras versiones
Por su parte, activistas
sobrevivientes como Alberto Castrillón y Raúl E. Mahecha hablaron de cientos de
víctimas desarmadas. También ellos tenían sus intereses en esta denuncia. Es
sabido que el Partido Socialista Revolucionario, en el que militaban los
dirigentes de la huelga, se inclinaba por una táctica insurreccional para
acceder al poder. La huelga era un paso en esa dirección. Pero por las descripciones
que hicieron otros sobrevivientes, la gente desbordó a sus líderes.
Algunos señalan que Mahecha,
oliéndose lo que iba a suceder, intentó en vano disolver la concentración en
Ciénaga. Sin duda, hubo actos violentos por parte de los huelguistas como el
ocurrido el 6 de diciembre en la vecina Sevilla que dejó un militar muerto y
otros tantos civiles. Incluso parece que a lo largo del conflicto algunos de
los huelguistas estuvieron armados de machetes y viejas escopetas. Pero en la
noche de la masacre en Ciénaga las balas no salieron de la multitud, como lo
reconoció el mismo Cortés Vargas. En forma diciente El Espectador el 12 de
diciembre publicó una larga entrevista con el general bajo el título: 'La
primera descarga se hizo sobre una multitud obrera inerme y pacífica'.
A su vez, el joven político
Jorge E. Gaitán eludió dar cifras precisas en la denuncia que presentó ante el
Congreso meses después, pero acusó a los militares de hacer una acción
premeditada en estado de embriaguez. Igualmente recogió el rumor que circulaba
en la región de trenes cargados de muertos que fueron arrojados al mar. Gaitán
también tenía intereses políticos, pero sus denuncias, exageradas en algunos
puntos, no se pueden reducir a una simple oposición al gobierno, como perceptivamente
le señaló el embajador norteamericano Jefferson Caffery. El punto de vista de
este diplomático es también esclarecedor de las distintas versiones de los
hechos. Apoyándose en fuentes de la compañía bananera, el embajador reportó
primero 100 muertos, luego habló de una suma que oscilaba entre 500 y 600 y en
un informe al Departamento de Estado de mediados de diciembre dijo que
sobrepasaban los ´1.000. Queda la duda de si en efecto hubo tropas extranjeras
cerca de Colombia -como ocurrió en Panamá en 1903-, y no se sabe hasta dónde
hubieran llegado los estadounidenses en la defensa de sus 'intereses'.
En todos estos relatos la
realidad ha sido moldeada por cada protagonista atendiendo a sus motivaciones.
Es una forma de ficción, distinta, eso sí, de la literaria. No es lo mismo
hablar de "masacre" que de "sucesos" de las bananeras, como
asépticamente los designó Cortés Vargas. Pero los intereses políticos no han
desaparecido con el paso de los años. Aún hay quienes quieren dejar estos
eventos en el cajón del olvido. La masacre de las bananeras no era parte de la
llamada 'historia oficial' que nos enseñaron a muchas generaciones de
colombianos y que hoy, por fortuna, está cuestionada.
De no ser por el poder de la
imaginación traducido en las caricaturas de Rendón, las denuncias de Gaitán, la
escultura de Arenas Betancourt, las novelas de Alvaro Cepeda y de Gabo, los
abundantes recuentos de los historiadores y, sobre todo, el recuerdo de los
sobrevivientes, pudo pasar lo que ha ocurrido con otros hechos luctuosos de la
historia reciente del país que se hunden en el manto del olvido y la impunidad.
Para encarar cualquier proceso de paz en el país no se puede suprimir la
memoria colectiva, comenzando por la masacre que se cometió el 6 de diciembre
de 1928 en Ciénaga contra una "multitud inerme y pacífica". Esta
memoria tiene algo de ficción, como todo relato histórico, pero no por ello es
falsa.
* Ph.D. en historia y profesor
titular la Universidad Nacional de
Colombia
Responda las preguntas
1.
Haga un mapa conceptual del crecimiento económico de la década de 1.910
2.
¿Por qué la administración de Marco Fidel Suárez tuvo tantos problemas con los
artesanos bogotanos?
3.
¿Cuáles son los pasos que dieron los movimientos sociales en Colombia?
4. Cual fue el hecho más importante de la misión
Kemmerer.
5.
¿Cuáles fueron las características del Gobierno republicano de Carlos E.
Restrepo?
6.
Sobre la indemnización que pagó Estados Unidos a Colombia por la separación de
Panamá, discute, con tus compañeras y compañeros, si el dinero fue bien
invertido o se despilfarró.
7.
El sindicalismo en Colombia se consolida cuando se afilia a_______________________________
8. Nombre algunos líderes sindicales.
9.
¿Qué aspectos causan la crisis del régimen conservador?
10.
Lea el resumen sobre La Masacre de las Bananeras y responda ¿Qué ocurrió en la
masacre de las bananeras?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario